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11/10/09

Escribe Lucía Cinquepalmi

A cada tano le llega su San Fermín*

Mi madre y mi padre nacieron en Europa y se casaron en siete de julio, pero no en Pamplona.
El arroz se dispersó entre sus cabellos jóvenes y su risa vital en un pequeño pueblo de la zona sur del Gran Buenos Aires, cuando todavía el tren hacía vibrar las juntas de brea y el adoquinado y, al traqueteo de sus desniveles ladeaban hasta la adrenalina los carros del lechero.
Y el pan llegaba a la mañana con el olor de la levadura caliente servido por el semblante trasnochado del propio panadero que lo había amasado.
A la fecha no he podido descubrir por qué Gran ni por qué Buenos, y menos, Aires, pero serán de las tantas preguntas que acompasan mi desconcierto frente a la dinámica y la taxonomía de la realidad.
El cuerpo menudo de mi madre, que sostenía un rostro bello como pocas veces he visto, se envolvía de pañuelos para contrarrestar la intemperie de ese paraje hostil de mediados de siglo que reemplazaba los paseos en la pradera con sus amigas, por el acarreo de baldes y la huida ante la furia y la amenaza del gallo en celo en los fondos de aquella construcción incipiente, poblada de proyectos más que de paredes.
La gallardía de mi padre, recién llegado de su intermezzo entre la Italia del Adriático y ese mismo paraje desavenido, intermezzo recalado en un Sao Paulo con olor al mar de este sur, café intenso y garotas; pues, esa gallardía iba tornasolándose en un degradé lento, en el overol de la fábrica de plásticos y los kilómetros de bicicleta en espiral para abarcar en su totalidad los turnos alternados de esa misma fábrica.

Pero, eso sí, el día de reyes había regalos para todos los hijos de los operarios, y allá íbamos a recibir la bienaventuranza de un capitalismo laxante que se cobró la vida en vida de toda la vida.
El augurio de alimento y trabajo que vaticinaba aquel arroz del siete de julio de San Fermín no había fallado, era innegable, indiscutible.
Quién tiene el coraje y las agallas de ponerse a discutir con un tano y con una tana acerca de la importancia de tener un trabajo digno.
Discusión fútil.

Pasó mucho tiempo desde ese entonces, claro.
Pasó el medio siglo que casi llevo viviendo.

Y la vida me condujo inocentemente, tal vez, si es que hay algo inocente en cada paso que impulsamos, a este otro paraje de los confines de otros Inmensos Malos Aires, ya no sé darme cuenta si peores o no tanto.

Un lugar donde todo está por hacerse pero no veo a nadie haciendo.
Un tiempo en el que habría que deshacer pero no encuentro a nadie que tenga algo hecho.
Un mundo de quehacer que no sabe qué hacer.

Me distraje un momento con un gorrión chozno de Sarmiento, o eso dicen, alimentándose en el compost de mi huerta y bebiendo las escasas acumulaciones de la lluvia mínima en esta tierra yerma de sueños y de ímpetu.

Vi dos chiquilines bamboleándose en un subibaja inventado con un poste, esperando seguramente por otro destino, el poste, digo, no sé los niños, debajo de la llovizna de la mañana casi helada de este oeste.

Casi con un grosero pensamiento me pregunté si no sería todo más sencillo, si aquel San Fermín del ’56, mis padres se hubiesen dejado correr por un toro en Pamplona.

*de Lucía Cinquepalmi luciaguionbajo@gmail.com
–Septiembre casi fines del 2009.-

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Comentarios

Lucía (la mapuche rubia): Te descubrí y se romìó el encanto, como cuando conocés una voz de radio, de años, y de golpe te la presentan...a ver, entendéme bien, sos muy bonita!, pero claro de acuerdo a mis primeras deducciones, ¿te acordás?, eras de rostro aindiado, cabello y ojos negros y enormes, y en cambio noto en esa media-sonrisa un dejo de tristeza, hay allí un rictus como "duro". De la misma manera, pienso que escribís hermoso, pero hay detrás cierta melancolía que me deja el alma herida.
Hermosa y querida LUCÍA de Serrat, me gustaría que me escribas algo esperanzador, obviamente sin chabacanería, profundo como todo lo que escribís pero con ALEGRÍA, aunque fuera de ficción, pensando que en la mañana al despertar va a estar el gorrión picoteando en la ventana de tu dormitorio. Gracias por ser una gran escritoria y mejor persona. Firmado: el fanático platense de Inventiva y de LUCÍA!!!

Anotado por: hugo petró | 07/11/09

Querida Lucía, ahora que me enteré que esa foto de arriba nada tiene que ver con vos, renace en mí la esperanza de que seas la hermosa trigueña aceitunada de enoooormes ojos negros y cabello del mismo color y largo hasta la cintura. Conservo la misma magia del ejemplo de la radio (leer comentario anterior). Pero lo que más me place, es haber comprobado, cada día y cada noche de estos meses, que no sólo sos una excelente escritora, sino, y esto es lo más importante, sos una extraordinaria persona y eso se refleja fielmente tanto en tu escritura como en tus e-mail. Mi admiración más profunda para la "hermosa mapuche-itálica, nacida al costado sur de la gran-urbe y afincada a mitad de camino, entre la costa y la cordillera". Te mando un gran abrazo y mis más sinceras Felicitaciones!!!

Anotado por: hugo petró | 10/12/09

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